Hoy hemos sacado el pañal a Sira, mi hija. Y si os digo la verdad, no sé si estoy contenta, melancólica o qué estoy. Porque por un lado las perspectivas del verano se simplifican, y esto siempre se agradece. Porque ahora que viene tiempo de playa sé que lo vamos (ella y nostros) a agradecer mucho, ¿no os parece incomodísimo poner un pañal a un niño en la playa? Por más que una se esmere en evitarlo cuando llegas a casa y sacas el pañal siempre está lleno de arena… y lo que debe molestar eso! Además, ella irá mucho más fresquita y cómoda, y también me alegra porque con la piel que tiene pobre siempre acababa llena de rojeces y sarpulliditos del calor y el sudor de llevar pañal. Y luego está el ahorro económico, que no es poco, porque los pañales me parecen francamente caros…
Pero por otro lado… mi niña se hace mayor! Ha sido verla en braguitas y verla una niña mayor. Pensaréis que soy una exagerada pero de pronto esta mañana la he visto más alta, más estilizada, más ágil… menos bebé. Y de pronto me he puesto un poquito triste… Tanto pensar en este día, tanto preparase y prepararla a ella, tanta implicación en elegir un orinal que le guste, un cuento que le ayude a afrontar este paso (un gran paso!), con tanto cariño hemos elegido las braguitas, hemos comprado los sugus de premio (por cada pipí y caca en el orinal, un sugus los primeros días)… y de repente ya está! Bye bye, bolquers!
Sira ya no lleva bolquers. Y yo tenía ganas de explicarlo. Y ahora solo tengo ganas de abrazarla para darle su merecido sugus.
