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Lo bueno de lo malo

Martes, 3 de Noviembre de 2009

Mi tío Guillermo decía “madre sólo hay una, porque si hubiera otra nos iríamos todos con la otra”.Y hoy me he sentido un poco así, o más bien he sentido que mi hija podría pensar algo así…

Supongo que nos pasa a todas, pero hay veces que me siento muy mal, no digo mala madre pero sí poco comprensiva, o poco tolerante… Y esque hay que reconocer que a veces los hijos nos ponen a prueba, al límite de nuestra paciencia.

Mi hija está últimamente con pesadillas por las noches. Y no es una noche de vez en cuando, es bastante a menudo. Y no pasa nada, quiero decir, ella es una niña muy feliz, está siempre o casi siempre contenta, muy parlanchina, muy participativa en todo… Pero es muy nerviosa. De bebé tendríais que haberla visto en la hamaquita, aprendió a balancearse muy pronto y no paraba ni un segundo quieta… y de hecho no para. Pero ésto por la noche le pasa factura. Ésto y todas las nuevas experiencias, buenas y malas, que vive día a día en la guardería y que “saca” de noche. Lo bueno es que ella te cuenta, te explica “El tal m’ha pegat”, “o la tal altre és dolenta “, etc etc,  pero parece que no es suficiente desahogo y por la noche acaba de sacarlo.

Nosotros  no estamos preocupados (nos hemos informado al respecto, es algo normal a esta edad). Pero estamos las dos, ella y yo,  cansadas. Dormimos menos y peor, y eso nos pasa factura a las dos. Ella está más llorona, más demandante, menos obediente…  y entonces es cuando a una le falla la paciencia y está más “broncas”, o más irritable. Y ella lo acusa… pobre, además de sus pesadillas va y su mamá la riñe a la mínima. Qué injusticia!

Pero es precisamente esta sensación de “ser injusta”, o poco paciente, la que por un lado me hace sentir culpable (lo cual no es nada bueno) pero por otro hace que me de cuenta de lo mucho que la quiero, de la suerte que hemos tenido con ella, de lo bien que se porta normalmente y lo malacostumbrados que nos tiene. Y esque es en la excepción que uno se da cuenta de lo que tiene habitualmente. Es con lo “malo” que uno valora de verdad lo bueno. Eso es a lo que yo le llamo lo bueno de lo malo, o dicho popularmente, el “no hay mal que por bien no venga”.

Qué difícil es ser “una embarazada”!

Jueves, 8 de Octubre de 2009

Éste va ser un post reivindicativo. Aviso.

Este es mi segundo embarazo y a pesar de que es todavía muy pronto ya empiezan a despertar algunos de los fantasmas que viví hace tres años como embarazada y que viven y sufren, estoy segura, muchas otras embarazadas.

Es verdad que el embarazo es una etapa mágica  y cargada de emotividad (aunque no es menos verdad que el segundo es totalmente distinto, ya desde tan pronto). Sin embargo, hay muchas cosas que resultan francamente molestas y a veces algo más que eso. Y no estoy hablando de las incomodidades físicas, que también cuentan. Hablo de cómo se siente una cuando está embarazada, o mejor dicho, como alguna gente te hace sentir  cuando estás embarazada.

Seguro que no soy la primera que estando embarazada se ha sentido “propiedad pública”: todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre lo que debes o no debes hacer. De pronto, la gente de la calle, que no te conoce de nada y a quien le debería de importar bien poco  lo que haces ó dejas de hacer, de pronto se cree con derecho a fulminarte con la mirada o directamente reñirte si considera que estás haciendo algo “mal”.  ¿¿Oiga, a usted se le ocurriría decirme algo si yo no estuviera embarazada???. Y esque la cosa va así, embarazada equivale a eso, propiedad pública: todos pueden opinar.

Sin embargo,  lo que hoy me ha impulsado a escribir este artículo ha sido volver a constatar la falta de respeto y consideración que mucha gente (no toda, afortunadamente) tiene con las embarazadas…  Esta mañana, en el bus, a mi lado de pie  había una chica que estaría por lo menos de 8 meses. Y la mía no, pero su barriga era evidente. Pero nadie, digo NADIE, ha sido capaz de levantarse y ceder su asiento a la pobre chica. Y entonces he recordado cuántas veces, durante mi otro embarazo, me pasó a mi eso y lo mal que me hacía sentir. Y es más, me llegué a creer tanto que no merecía un asiento más que el resto de la gente, que cuando me encontraba  con una alma caritativa (qué casualidad, casi siempre una mujer) que me lo cedía casi que me ruborizaba y me daba apuro aceptarlo.

Entonces, ¿Cómo va la cosa? ¿Somos o no somos de propiedad pública? Porque si es así, si la gente se cree con derecho a mirate mal porque haces esto o lo otro, por la misma regla de tres deberían verse en la obligación (si mas no moral) de cederte su asiento. Porque que yo sepa, mucho más perjudicial es caerte en el bus a los 8 meses de gestación  que comer sushi, ir en bici o tomarte una clara…

Así que desde aquí quisiera reivindicar  los derechos de las embarazadas a ser respetadas en nuestra intimidad, pero sobretodo a ser tratadas como embarazadas a nuestro favor, y no sólo en nuestra contra. Y aprovecho la ocasión para animar a todas las embarazadas  a hacer lo mismo, porque es con los pequeños gestos que se logran a veces los mayores cambios.

Jugar como niños

Martes, 8 de Septiembre de 2009

Estas vacaciones hemos ido prácticamente todos los días a la playa. Es un plan perfecto para niños, y si las playas están limpias  y cuidadas, un lujo para todos. 

He disfrutado muchísimo viendo a Sira pasarlo bomba con la arena, las olas, las pechinas, las piedrecitas y sus trajines con el cubo, la regadora, la pala…

Es fantástico ver a un niño jugar, completamente ajeno a los demás,  a las miradas, a los juicios, a lo que ocurre a su alrededor… absolutamente metido en su juego, en “su historia”. Él y su imaginación. Me encanta esta faceta tan auténtica del juego infantil, y pienso que es una pena que hacernos adultos implique perderla en cierto modo…

Pero este verano, en la playa, he sido testigo de que hay ciertas cosas que son capaces de devolvernos eso, que logran  sacarnos de nuestra rigidez  y dar rienda suelta al niño que llevamos dentro, con su mismo entusiasmo. Me he quedado de verdad sorprendida de la cantidad de padres que he visto disfrutar como locos haciendo  inmensos y fantásticos castillos de arena en la orilla, absolutamente entregados, y si cabe pasándolo aún mejor que sus propios hijos. 

Y es que cada uno a su manera y a su estilo, todos somos capaces de volver a jugar como niños. Sólo nos hace falta pasar un tiempo con ellos, contagiarnos de su capacidad de entrega al juego y dejarnos llevar por nuestra imaginación. Y el resto, seguro, ya vendrá solo.

Bye bye, bolquers!

Martes, 21 de Julio de 2009

Hoy hemos sacado el pañal a Sira, mi hija. Y si os digo la verdad, no sé si estoy contenta, melancólica o qué estoy. Porque por un lado las perspectivas del verano se simplifican,  y esto siempre se agradece. Porque ahora que viene tiempo de playa sé que lo vamos (ella y nostros) a agradecer mucho,  ¿no os parece incomodísimo poner un pañal a un niño en la playa? Por más que una se esmere en evitarlo cuando llegas a casa y sacas el pañal siempre está lleno de arena… y lo que debe molestar eso! Además, ella irá mucho más fresquita y cómoda, y también me alegra porque con la piel que tiene pobre siempre acababa llena de rojeces y sarpulliditos del  calor y el sudor de llevar pañal. Y luego está el ahorro económico, que no es poco, porque los pañales me parecen francamente caros…

Pero por otro lado… mi niña se hace mayor! Ha sido verla en braguitas y verla una niña mayor. Pensaréis que soy una exagerada pero de pronto esta mañana la he visto más alta, más estilizada, más ágil… menos bebé.  Y de pronto me he puesto un poquito triste…  Tanto pensar en este día, tanto preparase y prepararla a ella, tanta implicación en elegir un orinal que le guste, un cuento que le ayude a afrontar este paso (un gran paso!), con tanto cariño hemos elegido las braguitas, hemos comprado los sugus de premio (por cada pipí y caca en el orinal, un sugus los primeros días)… y de repente ya está! Bye bye, bolquers!

Sira ya no lleva bolquers. Y yo tenía ganas de explicarlo. Y ahora solo tengo ganas de abrazarla para darle su merecido sugus.