Mi tío Guillermo decía “madre sólo hay una, porque si hubiera otra nos iríamos todos con la otra”.Y hoy me he sentido un poco así, o más bien he sentido que mi hija podría pensar algo así…
Supongo que nos pasa a todas, pero hay veces que me siento muy mal, no digo mala madre pero sí poco comprensiva, o poco tolerante… Y esque hay que reconocer que a veces los hijos nos ponen a prueba, al límite de nuestra paciencia.
Mi hija está últimamente con pesadillas por las noches. Y no es una noche de vez en cuando, es bastante a menudo. Y no pasa nada, quiero decir, ella es una niña muy feliz, está siempre o casi siempre contenta, muy parlanchina, muy participativa en todo… Pero es muy nerviosa. De bebé tendríais que haberla visto en la hamaquita, aprendió a balancearse muy pronto y no paraba ni un segundo quieta… y de hecho no para. Pero ésto por la noche le pasa factura. Ésto y todas las nuevas experiencias, buenas y malas, que vive día a día en la guardería y que “saca” de noche. Lo bueno es que ella te cuenta, te explica “El tal m’ha pegat”, “o la tal altre és dolenta “, etc etc, pero parece que no es suficiente desahogo y por la noche acaba de sacarlo.
Nosotros no estamos preocupados (nos hemos informado al respecto, es algo normal a esta edad). Pero estamos las dos, ella y yo, cansadas. Dormimos menos y peor, y eso nos pasa factura a las dos. Ella está más llorona, más demandante, menos obediente… y entonces es cuando a una le falla la paciencia y está más “broncas”, o más irritable. Y ella lo acusa… pobre, además de sus pesadillas va y su mamá la riñe a la mínima. Qué injusticia!
Pero es precisamente esta sensación de “ser injusta”, o poco paciente, la que por un lado me hace sentir culpable (lo cual no es nada bueno) pero por otro hace que me de cuenta de lo mucho que la quiero, de la suerte que hemos tenido con ella, de lo bien que se porta normalmente y lo malacostumbrados que nos tiene. Y esque es en la excepción que uno se da cuenta de lo que tiene habitualmente. Es con lo “malo” que uno valora de verdad lo bueno. Eso es a lo que yo le llamo lo bueno de lo malo, o dicho popularmente, el “no hay mal que por bien no venga”.